La misma norma se aplica una vez aplicado el segundo tono de pintura: no hay tiempo que perder. Dejamos secar poco tiempo y continuamos con el último tono del gradiente: el más claro. Volvemos a diseñar la zona de transición en una distancia mayor y después limitamos la distancia para continuar pulverizando de forma que cubramos bien la superficie. Por cierto: si el gradiente entre dos tonos de pintura todavía no es el óptimo, con el dispositivo de pulverización de pintura no tendremos ningún problema. Basta con volver a pulverizar brevemente. ¿El efecto? «Un gradiente de color perfecto con transiciones fluidas», nos comenta una asombrada Eva Brenner. Con un rodillo y una brocha esto sería casi imposible de conseguir.
Por último, Eva deja que el último tono de color, el más claro, se difumine con la pared. Aquí también se aplica la premisa: más distancia de nuevo. La distancia entre la pared y el sistema de pulverización de pintura debe ser, obviamente, cada vez mayor. Solo así se conseguirá el efecto de difuminación hacia el fondo blanco. Eva está satisfecha con su obra creativa: «Con el gradiente de color, la habitación ha conseguido un ambiente completamente nuevo y efecto de profundidad» Sin necesidad de cambiar los muebles que ya había, la sala de estar se ha convertido en una habitación completamente nueva y especial.